Entre el privilegio y la exclusión

23/05/2021

Por: Piedad Patricia Restrepo, vocera Todos por Medellín. 

“Esa habilidad para desvincularse del sufrimiento y la injusticia, o para fingir que todo va bien, es el núcleo mismo del privilegio” Brené Brown 

(Lea aquí (Lupa a los resultados de EPM en 2020) 

Colombia ajusta más tres semanas de paro nacional. Varios días de protestas en las que participan amplios sectores de la sociedad, que empezaron motivadas por el rechazo al proyecto de reforma tributaria radicado por el Gobierno Nacional —ya retirado por demás— y que se extendieron por otra serie de situaciones complejas, algunas muy concretas y otras un tanto difusas, como el aumento de la pobreza, las restricciones de la pandemia y excesos de la fuerza pública.  

En medio de este estallido social y descontento están los jóvenes. Ellos han sido uno de los actores principales en las reivindicaciones que se han hecho alrededor de las manifestaciones en diferentes municipios del país, algo que no es gratuito porque la crisis social y económica derivada de la pandemia los ha golpeado con más fuerza. Sólo en el primer trimestre de 2021, el desempleo juvenil subió hasta el 23,9 %, lo que representa cerca de 1,6 millones de jóvenes colombianos desocupados. Una crisis que supone un gran reto para la sociedad. 

Las consecuencias sociales y económicas de la pandemia mostraron con mayor transparencia que somos un país desigual, con oportunidades limitadas para muchos grupos poblacionales. Por ello, hoy son amplios sectores sociales, políticos y económicos, más allá del Comité del Paro, quienes expresan la necesidad de repensarnos como sociedad. Esto es, producir transformaciones profundas en la distribución de las oportunidades de progreso. 

Justamente, la desigualdad de oportunidades nos muestra un panorama distinto dependiendo de los ingresos de los hogares donde viven los jóvenes en Colombia. Este mismo panorama se evidencia en Latinoamérica, con el agravante de que Colombia es uno de los países más desiguales del continente, como lo mostró el Banco Mundial en un informe donde expresa que la condición de Nini -ni estudia ni trabaja- al afectar en mayor proporción a los hogares de bajos ingresos, contribuye a la persistencia de la pobreza y desigualdad entre generaciones. Adicionalmente, esta población no contribuye al aumento del capital humano, necesario para impulsar la innovación y para adaptarse a nuevas tecnologías (De Hoyos et al., 2016, citado por Medellín Cómo Vamos, 2020).  

En el caso del Valle de Aburrá, se tiene que en el año 2019 había en la región un 18% de jóvenes Nini, esto es, 165.996 jóvenes; algo así como llenar cuatro veces el estadio Atanasio Girardot. Así de grande es la magnitud del desafío. De ellos, seis de cada diez eran mujeres, que tenían en promedio 10,5 años de escolaridad; los hombres jóvenes que no estudiaban ni trabajaban tenían en promedio 9,2 años de escolaridad y representaban el 38%. Estos porcentajes difieren cuando se analiza por clases sociales, dependiendo del nivel de ingreso; así, la proporción de jóvenes entre los 14 años y 28 años que ni estudian ni trabajan es sustancialmente mayor en la clase pobre y vulnerable frente a las clases media y alta. En la clase pobre llegaba a uno de cada dos jóvenes, mientras que en la clave vulnerable la proporción llegaba a uno de cada tres jóvenes. En comparación en la clase media era del 13% y en la alta del 5% .  

Es importante subrayar que el hecho de que los jóvenes que reportan no estudiar y no trabajar no implica que no quieran hacerlo. Esto es, no puede equipararse dicha condición con lo que algunos han denominado despectivamente como “trabajen, vagos” o “yo no paro, yo produzco”. Muchos de estos jóvenes manifiestan que quieren hacerlo, tienen la disposición para estudiar y /o trabajar, pero no han encontrado las oportunidades. Es a ellos a quienes el Estado y la sociedad deben priorizar para brindar la garantía de sus derechos. Y para aquellos que no manifiestan el interés, quizás por una desmotivación que se cimenta y perpetúa por múltiples condiciones, también deberían crearse estrategias para incluirlos como parte activa de la sociedad, brindándoles las oportunidades que hoy no están demandando. 

De forma positiva, en los últimos días se han dado algunos pasos importantes en las demandas ciudadanas, como el anuncio de matrícula cero para estratos 1, 2 y 3 y el plan de subsidios para el empleo de jóvenes anunciados por el Gobierno Nacional, que están en sintonía con la necesidad de dar respuesta a los mayores afectados por la crisis derivada de la pandemia: los jóvenes. Es importante que el diálogo prosiga y pueda avanzar con mayor celeridad, siempre manteniendo el principio del respeto supremo por la vida, y teniendo como objetivos una senda consensuada de recuperación económica y reformas estructurales que permitan un desarrollo incluyente y un fortalecimiento de las instituciones del Estado.  

El llamado final se concentra en cuatro frentes. Primero, que las instituciones del Estado para que prioricen e interioricen la necesidad de que todas las políticas y programas, transversalmente, tengan como fin una sociedad más incluyente y equitativa. Segundo, que las instituciones del Estado y quienes las representan ejerzan los valores democráticos a cabalidad, gobernando de cara a la ciudadanía, con capacidad de escucha, y velando por los intereses colectivos sobre los de cualquier grupo o persona en particular. Tercero, que los jóvenes entiendan la necesidad de participar activamente de todos los escenarios que brinda nuestra constitución para hacer sentir su voz, sus demandas, aportando desde la creatividad y la alegría a una nueva agenda que no los deje atrás. Cuarto, que quienes hoy con la crisis han perdido menos e históricamente han disfrutado de privilegios de diversa naturaleza piensen, solidariamente, en contribuir más en todos los escenarios de la vida pública para una nueva Colombia incluyente, democrática y reconciliada. 


Lo público es de todos, Todos Por Medellín.