¿Es cuestión de simple plata o más bien de establecer bien las prioridades?

Por: Piedad Patricia Restrepo, vocera de Todos por Medellín.

La contingencia ocurrida en las vías del metro de Medellín el pasado jueves en la madrugada deja muchos interrogantes sobre la gestión pública en varios frentes en la región metropolitana.

En dos conversaciones recientes promovidas por Todos por Medellín en el marco de la Veeduría Callejea podemos tener insumos de análisis sobre los que está ocurriendo en materia ambiental.

Trayendo a colación una conversación sobre cultura en Medellín, María del Rosario Escobar señalaba que “La política empieza por el presupuesto, no es posible contar con una política cultural fuerte si no se cuenta con un presupuesto suficiente”.

Esta misma frase la podríamos trasladar al medio ambiente. No es posible tener una política ambiental fuerte con un presupuesto que en vez de crecer conforme crecen las necesidades por fenómenos de orden mundial como el cambio climático, se reduce, como los mostramos en otro espacio donde analizamos algunos aspectos de la denominada “Ecociudad”.

La línea de Ecociudad del Plan de Desarrollo que recoge la inversión en temas como movilidad, vivienda, espacio público y medio ambiente, deja a éste último como la cenicienta. La inversión en este sector es la menor desde que se tenga registro. Proporcionalmente, la actual administración ha destinado el 1% de los recursos al medio ambiente. En comparación, entre 2008-2011 el porcentaje promedio anual fue de 2,5%; entre 2012-2015 fue de 1,4%, y en el periodo 2016-2019 fue de 1,6%.

En términos absolutos, la inversión promedio anual en los dos primeros años de la Medellín Futuro fue de $ 55.632 millones[1], casi la mitad de lo invertido en el periodo 2008-2011 ($108.621 millones), y menor a los dos periodos precedentes también donde fueron de $64.476 millones (2012-2015) y $81.774 millones (2016-2019).

Si quisiéramos hacer el ejercicio con cifras más cercanas, podríamos hablar de la inversión en medio ambiente por habitante de la ciudad. Así, entre 2020 y 2021, la inversión  por habitante en medio ambiente fue de $22.282 anual promedio, siendo la menor desde 2008. Justo entre 2008-2011 se obtuvo la mayor inversión anual promedio, llegando a $42.194, seguido del periodo 2016-2019, cuando fue de $31.754 , mientras en el periodo 2012-2015 se destinaron $26.551.

Pero la atención de las condiciones medioambientales, que son en esencia un problema de orden metropolitano, también tienen otra fuente de inversión relevante en los recursos que por sobretasa ambiental los contribuyentes pagan anualmente y que es la principal fuente de financiamiento del Área Metropolitana del Valle de Aburrá-AMVA.  Esta sobretasa tiene destinación específica para la atención de las funciones medio ambientales de la entidad en el área urbana del valle de Aburrá, mientras una pequeña parte de la sobretasa llega a Corantioquia como autoridad en el área rural.

En 2020, los ingresos del AMVA por sobretasa ambiental fueron de  $244.336 millones, esto es el 40% de los ingresos de la entidad para ese año, y casi un 70% de sus ingresos corrientes. Medellín aportó el 70% de la sobretasa.

Así que los recursos con los que cuenta la entidad para el desarrollo de sus funciones medioambientales es casi cuatro veces el presupuesto con que cuenta Medellín para lo relacionado con este importante tema.

Frente a la contingencia del Metro de Medellín esta semana, y ante la versión de que ésta se explica por  las condiciones de uno de los afluentes del río Medellín, el director del AMVA expresó que “El AMVA es autoridad ambiental y de transporte en lo urbano. El Rio Aburrá no es responsabilidad de la entidad[2]. El río es de cuidado  de todos los ciudadanos. A esto se suma que hay muchos años de ausencia de su mantenimiento… Entre tanto, las empresas prestadoras del servicio de transporte son las encargadas de garantizar las condiciones para prestar el servicio”.  

Luego de estas declaraciones son muchas las dudas que quedan pero también algunas certezas. La primera es que esto de chutar las responsabilidades no le queda bien a ninguna autoridad y menos a la que mayores recursos ostenta para el manejo ambiental en la región metropolitana. Es posible que el río no sea  responsabilidad exclusiva de la autoridad ambiental, pero claro que tiene responsabilidades asociadas. Las áreas metropolitanas tienen como una de sus principales funciones declarar y regular hechos metropolitanos. El  primer hecho metropolitano del valle de Aburrá es su río: eje estructurante de nuestro ordenamiento. Si al AMVA le compete exclusivamente ser autoridad en materia ambiental, la pregunta es por qué su director afirma que hay muchos años de ausencia de mantenimiento. Lo mínimo como autoridad sería señalar responsabilidades y actuar para subsanar lo que no está funcionando bien. Pero si parte de que el rio es responsabilidad de todos los ciudadanos, pues la pregunta para el director, es ¿para qué pagamos impuestos? Pagamos impuestos para para que los gestores de lo público se ocupen de resolver los problemas colectivos.

Finalmente, no se trata de palabras grandilocuentes como la Ecociudad o de andar trayendo a colación la necesidad de que nos “colaboren” desde el gobierno nacional, dejando de lado las propias responsabilidades locales y regionales. Se trata de priorizar necesidades, plantear cursos de acción y meterle la plata que requieren las soluciones que se planteen de forma coordinada, dialogante y colaborativa. De la Ecociudad podemos decir que es un bonito nombre con poco contenido y que la autoridad ambiental en lo urbano carece de liderazgo para hacer frente a los desafíos derivados de los retos de una ciudad conurbada que se expande.

[1][1] Todas las cifras presentadas aquí son a pesos constantes de 2021, esto es, tomando en cuenta el impacto de la inflación en los montos de la inversión.

[2] La negrilla no está en el original.

Compártelo