La Candelaria: tierra de muchos, tierra de nadie

Piedad Patricia Restrepo (@piedadrestrepor)

Vocera de Todos por Medellín

Nuestro tercer recorrido con la Veeduría Callejea nos llevó a la Candelaria. La comuna de menor población reportada, pero la más visitada según datos ampliamente divulgados. Se dice que aproximadamente 1,2 o 1,3 millones de personas transitan la comuna para diversas actividades: estudiar, trabajar, comprar, pasar el rato, entretenerse, entre otros.

El resultado de esta visita nos dejó muy preocupados. Vimos y sentimos que, aunque es un territorio lleno de vida, lo cual está en sintonía con los datos de visitas diarias, no está precisamente dotado de condiciones que permitan hablar de bienestar o calidad de vida para quienes habitan o para quienes simplemente están de paso, como lo estuvimos nosotros.

Alguien podría argumentar en este punto que esto es una mera percepción basada en una visita pero, en la práctica, los indicadores e índices basados en datos objetivos muestran que la comuna está lejos de ofrecer buenas condiciones de vida o estancia.

Los problemas ambientales son evidentes: contaminación del aire, contaminación por ruido, por basuras, en fin… Huecos en las aceras y en las calles. Basuras amontonadas en muchas esquinas. Las zonas verdes descuidadas. Pero esto no es lo peor. Lo más preocupante es el aumento de la explotación sexual de menores. A plena luz del día, pudimos ver un número grande de niñas y adolescentes en calles, bares y cantinas ofreciendo servicios sexuales.

La Candelaria ha tenido inversiones públicas por habitante mucho más altas frente al resto de comunas en los últimos tres periodos de gobierno, de hecho, ha crecido en términos reales. Entre 2008 y 2011 llegó a casi dos millones de pesos anuales por habitante. Entre 2012 y 2015 fue de casi 2,3 millones, y en 2016-2019 subió a 3,4 millones por habitante. No obstante, el contraste con el avance en calidad de vida persiste. Con base en la última medición de Medellín Cómo Vamos sobre el Índice de Progreso Social para comunas y corregimientos de Medellín, la Candelaria ocupó el puesto 19 entre 21, bajando en su progreso social, al pasar de 62/100 puntos a 60/100 puntos entre 2016 y 2019, justo cuando más inversión por habitante tuvo. En todo el periodo se ubica en un nivel de progreso social medio bajo.

La pregunta que surge es por qué si se han realizado inversiones cada vez más crecientes en la comuna, los resultados no se evidencian en ninguna medida de bienestar. La respuesta nos la dio la directora del Museo de Antioquia, María del Rosario Escobar. El gran problema es que los diagnósticos que se han basado en los pobladores, subestiman los problemas de la comuna. La población flotante que incluye gran cantidad de niños y niñas que, aunque no viven en la Candelaria, ocupan gran parte del día y la noche acompañando a sus padres, quienes trabajan allí, la mayoría de ellos en condiciones de informalidad. Así, las mediciones basadas en inversión por habitante subestiman la realidad de este territorio.

María del Rosario nos compartió su visión en la cual la inversión pública ha estado más enfocada en la infraestructura para el hábitat y la movilidad, pero menos en las necesidades sociales de una población flotante que carece de servicios esenciales como la atención a la primera infancia, por ejemplo. Mientras no se aborde integralmente la intervención, los problemas de la comuna van a persistir.

Un oasis en medio del desierto fue una invitación a ver un ensayo en el teatro Matacandelas. Allí nos refugiamos por unos minutos antes de ir a conversar  sobre la cultura en Medellín. Un espacio de color, de alegría, que nos sacó por un momento del abrumador centro. Sobre esa interesante conversación hablaremos en otro espacio.

El centro es hoy tierra de “muchos”, pero, paradójicamente, es tierra de nadie. La comuna carece hoy de acciones integrales de intervención pública y de un sentido de pertenencia que sea vea reflejado en una cultura ciudadana a favor del cuidado de lo público. No lo decimos nosotros, nos lo dijeron personas que viven allí y que no ven acciones concretas más allá del cerramiento al Museo de Antioquia. Pese a que hay proyectos con liderazgo privado que han juntado voluntades para sacar adelante un pequeño espacio en la comuna, como lo es el proyecto Distrito San Ignacio, se requiere seguir promoviendo acciones de esta naturaleza pero escalando a una mayor velocidad para que el impacto se sienta y podamos decir que la comuna es de muchos y es de todos. Para ello se necesita un liderazgo público sólido y acciones permanentes de fomento de una cultura ciudadana a favor del cuidado de lo público, más allá del trabajo del Metro de Medellín, que hoy, lamentablemente, están ausentes.

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