Medellín, es hora de reaccionar

Piedad Patricia Restrepo (@piedadrestrepor)

Vocera de Todos por Medellín

Hoy, Medellín es una ciudad fracturada. De pasar de ser reconocida, más allá de sus obras físicas, por un trabajo articulado entre diversos sectores en favor de lo público, ahora las noticias giran en torno a peleas, distanciamientos, señalamientos. La ciudad y su gente observan un retroceso evidente en muchos aspectos que otrora eran motivo de orgullo.

Las versiones extremistas suelen ser engañosas. Ni Medellín era un paraíso ni tampoco es el infierno que el alcalde Quintero ha querido mostrar en sus salidas en medios o en sus redes sociales. Se puede cuestionar cómo logramos los avances que nos permitieron salir de una ciudad inviable por los altos niveles de violencia y pasar a una ciudad con un enorme potencial, o la conformación de un medio milagro como lo llamó Fukuyama, pero desconocer la evidencia desde lo objetivo y subjetivo es imposible sin caer en mentiras flagrantes.

El alcalde cuestiona el trabajo articulado entre la empresa privada, el sector público, la academia y el sector social. Según él, había conflicto de intereses en ese relacionamiento. Seguro los habrá, difícilmente no existan en situaciones cotidianas donde confluyen muchas personas en representación de diversos grupos. Es por ello que desde los principios de un buen gobierno corporativo se construyen los reglamentos que enfrentan estos posibles conflictos. Pero yendo más allá, el argumento de que se estaban robando a Medellín a través de EPM, tomando como florero de Llorente la contingencia ocurrida en Hidroituango, es a todas luces un relato construido sin mayor sustento, que busca ser efectista y que es necesario cuestionar basados en hechos tangibles.

La inversión pública social sobresaliente en el contexto nacional no hubiese sido posible sin las transferencias de EPM al municipio de Medellín. Desde 2008 hasta 2019, la ciudad recibió más de 13 billones (a pesos de 2019). Esto es 1,1 billones anuales, aproximadamente lo que se ha invertido anualmente en educación en ese periodo, representando el 26,9% del total de la inversión.

Así las cosas, si la ciudad hubiese sido víctima del saqueo de un sector privado es necesario que se muestren las pruebas de tales hechos, y se dejen de envilecer los debates con mensajes facilistas que lo único que logran es generar desconfianza. Si EPM hubiera sido saqueado en los últimos 20 años, hoy no habría empresa, y la inversión social estaría por el piso.

Deberíamos dar los debates sobre otros temas sobre los que quizás no nos gusta ahondar. En dos espacios de la Veeduría Callejea en Moravia, y Doce de Octubre, evidenciamos proyectos sin terminar, promesas incumplidas y necesidades insatisfechas, control territorial de grupos ilegales, entre otros. De eso es de lo que deberíamos estar hablando hoy y no lo estamos haciendo porque nos ocupan demasiado tiempo los relatos fantasiosos de un alcalde que no sabe cómo gobernar sino con insultos, peleas y sandeces.

Como dice Brené Brown al referirse a la sociedad estadounidense y sus tres grandes fracturas, raza, género y clase: “Estos debates deben producirse; este malestar debe manifestarse. Aún así, aunque ya es hora de afrontar estos y otros problemas, es preciso reconocer que nuestra incapacidad para entablar con franqueza los debates complicados está impulsando la segregación y la desconexión”.

Pero dar cuenta de los problemas estructurales que aún nos aquejan no se logra destruyendo lo ganado, haciendo a un lado el conocimiento colectivo, dejando atrás a las empresas de gran trayectoria, y liderando la ciudad bajo principios enteramente clientelares, propósitos oscuros, cazando peleas, desinformando, y menoscabando los contrapesos democráticos del control político, social, ciudadano y corporativo.

Así no es como se construye. Para construir debemos empezar por acercarnos a los otros, compartir espacios y conocernos mejor. Y si el alcalde no quiere ser líder de esos procesos, el resto de la sociedad deberá hacerlo. Y cuánto antes mejor. Porque si no nos unimos para avanzar, estaremos más divididos, menos fuertes para superar los retos que nos ha impuesto una forma de gobernar destructiva. ¿Será que somos conscientes del tamaño del reto? ¿Será que estamos entendiendo la gravedad de lo que nos está pasando? Lamentablemente creo que muchos aún no han caído en la cuenta o si lo hacen, prefieren mirar para otro lado. Es hora de reaccionar.

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