Medellín Futuro, versión remake

Por: Piedad Patricia Restrepo, vocera de Todos por Medellín 

Foto: David Robert (@davidrobertv)

El Plan Joven y de Reactivación anunciado por el alcalde de Medellín el pasado martes primero de junio, más que generarnos buenas expectativas sobre el futuro nos dejó preocupados por la cantidad de interrogantes sin responder.

El primer interrogante tiene que ver con el origen de los recursos para financiar el Plan. El alcalde habló de un fondo de tres billones de pesos para financiarlo, pero en su intervención no fue claro a la hora de decir de dónde saldrían todos los recursos.

Es muy importante señalar que parte de un ejercicio responsable de la gestión de lo público es mostrar cuántos son los recursos disponibles y de dónde salen. Justamente, en la crisis que atraviesa el país, una de las claves para entender el origen de las inconformidades está en que, como ciudadanos, en muchos casos no sabemos de dónde salen los recursos para la inversión y el gasto del gobierno

Las crecientes demandas sociales deben financiarse, pero el dinero no nace en los árboles. La financiación de los gobiernos, en esencia, corresponde a tres fuentes principales: los impuestos, la deuda y los ingresos por la producción de bienes y servicios (Estado productor). En algunos casos, los gobiernos financian a través de emisión monetaria, lo que usualmente tiene el gran riesgo de generar una mayor inflación, la cual termina afectando, principalmente, a los hogares de menores ingresos, vía menor capacidad adquisitiva.

En el caso que nos ocupa, el alcalde Daniel Quintero omitió contarle a la ciudadanía de dónde saldrían exactamente los tres billones de pesos. Sobre el plan para los jóvenes, cuyo presupuesto, según el alcalde, será de 1 billón de pesos, expresó que los recursos podrían venir de la venta de activos como la enajenación de la participación del municipio en Une. Estos recursos ya estaban incluidos en el plan financiero del Plan de Desarrollo, donde se expresó que se adelantarían acciones relacionadas con la enajenación estratégica de activos, de tal forma que le permita generar recursos en el corto y mediano plazo para financiar programas de inversión social y de infraestructura del Plan.

Entendiendo que es un plan de choque, el gran cuestionamiento es que la disponibilidad de los recursos no es inmediata. Vale recordar que dichas enajenaciones deben pasar por el Concejo de Medellín, encontrar  los posibles interesados -incluyendo a Millicom, el otro socio de la empresa en la actualidad-  y negociar la venta.  Este proceso podría tardar meses y los recursos seguirían sin estar disponibles. Esto no es poca cosa, entendiendo que en la actualidad hay varios programas del Plan desfinanciados. Como ejemplo, tenemos al Programa Buen Comienzo, del que tanto se enorgullece la administración afirmando que duplicó su presupuesto, lo que no fue una realidad para el año 2020 ni para 2021, pues resulta que, para este último año, presupuestaron $115.000 millones, muy por debajo de años anteriores y de lo que planeaban invertir: $203.000 millones.

Por otro lado, sobre los otros dos billones del Plan, dirigidos a la reactivación económica, el alcalde manifiesta que saldrán de una reorganización de recursos del actual Plan de Desarrollo, dejando en evidencia que no se trata de un fondo nuevo; es, simplemente, el nombramiento rimbombante de una parte del actual Plan de Desarrollo. Lo que no se entiende es por qué, tardíamente, se habla de plan de choque. Recordemos que la Alcaldía de Medellín cambió el Plan de Desarrollo entre su formulación inicial hasta su definición final, justamente para adaptarlo a los desafíos de la pandemia. De hecho, la primera línea del Plan se denomina Reactivación económica y Valle del Software, atendiendo las necesidades evidenciadas por la crisis sanitaria.

En ese entonces, desde muchos sectores gremiales, sociales y académicos se le planteó a la Administración la necesidad de abordar la crisis atendiendo prioritariamente a la población más vulnerable: jóvenes, mujeres, familias en pobreza y vulnerabilidad, y microempresas. Algunos de los programas sugeridos se acogieron, otros no. El alcalde expresó, ante varias críticas por no bajar su Plan de Desarrollo a proyectos, que la pandemia exigía flexibilidad para adaptarse a los retos derivados de la pandemia.

De los anuncios del martes, muchos de los que requieren inversión ya estaban contemplados en el Plan. Uno de ellos es la renta básica, que, dicho sea de paso, fue una de las recomendaciones que acogió el alcalde, aunque no con el alcance que se le sugirió. La pregunta es si esas 76.000 familias de las que habla Quintero son adicionales a las que ya estaban contempladas en el Plan, donde se planteó la meta de atender 91.485 familias con la renta básica. Y si fueran adicionales, no se entiende esas 91 mil a qué clase de focalización correspondían, pues ahora se menciona que las 76.000 son las más pobres entre las pobres.

En el caso de las becas para la Cuarta Revolución Industrial, ya en el Plan se había incluido 25.000 becas en un programa nuevo, y otras 25.000 dentro de la estrategia de becas y créditos condonables que viene de administraciones anteriores. Esto es exactamente la misma cifra de 50.000 becas de las que habló el alcalde en su Plan de choque. Sobre las 70.000 becas  para bilingüismo, ocurre exactamente lo mismo, ya estaban contempladas en el Plan.

Siguiendo con el Plan de choque trazado, el alcalde habló de 300.000 computadores para niños y jóvenes.  De acuerdo con el Plan de Desarrollo, la cifra para niños y jóvenes en edad escolar debía alcanzar los 100.000 computadores, dando cuenta de una relación técnica de número de estudiante por computador de 5,82 a 2 al finalizar 2023. Estos 200.000 computadores más, tendrían que ser financiados con recursos de otros programas del Plan de Desarrollo que aún no queda claro cuáles serán.

El programa de atención a 5.000 jóvenes en alto riesgo de vulnerabilidad al parecer está vinculado estrechamente con los objetivos planteados en el Programa Juventud que Teje Vida, de las secretarias de Juventud y Seguridad ciudadana, que tiene como meta atender a casi 10.000 jóvenes desde diferentes ópticas. Así, no es claro si estos 5.000 jóvenes son adicionales a los ya planteados en esta estrategia o es simplemente una reorganización de la apuesta.

En el caso de la inversión en deporte y recreación, el Plan contempla la reactivación del 100% de la oferta del Inder y 50 escenarios renovados, lo cual llama poderosamente la atención, atendiendo el reciente comunicado de la entidad en la que su director expresa que ésta carga con un déficit económico de $49.000 millones y una reducción presupuestal del 13% en relación con 2020.

Entre las estrategias para las empresas en este plan de choque se contemplan créditos que no llegan a los $10.000 millones y unas exenciones tributarias a sectores muy restringidos, los que, para el tamaño del desafío, es francamente insuficiente.

El compromiso de generar 20.000 empleos de choque para los jóvenes en el sector privado es un reconocimiento explícito de que mientras el gobierno local alienta la formación a través de becas, capacitaciones e insumos como los computadores, es el sector privado, ese mismo que en tantas ocasiones el alcalde ha despreciado, el que genera las mayores oportunidades de empleo. Ese reconocimiento no sólo debe darse en el contexto de una crisis latente, ese reconocimiento debe ser permanente: sólo el entendimiento profundo y honesto del rol de cada actor, y las alianzas para trabajar en pro del bienestar colectivo, puede sacarnos de cualquier crisis y alentar una senda firme y sostenible de desarrollo para el país y la región.

En resumen, este plan de choque presentado por el alcalde parece, más bien, la presentación de un remake del Plan de Desarrollo Medellín Futuro 2020-2023, año y medio después de iniciado su gobierno. Ojalá que esta segunda versión se cumpla a cabalidad. Desde Todos por Medellín estaremos atentos a que estas promesas no caigan en saco roto. Esperemos que otros actores se sumen al control social, y el control político sea ejercido a cabalidad desde el Concejo de Medellín.

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