Moravia se escribe con V

Por: Piedad Patricia Restrepo (@piedadrestrepor)

Vocera de Todos por Medellín

Esta semana que pasó estuvimos en Moravia. Teníamos un doble propósito. El primero era conversar con la comunidad sobre los procesos de participación ciudadana para la construcción del territorio y el segundo era conversar sobre control social, político y ciudadano a la gestión de lo público. Hicimos un corto recorrido por el barrio Moravia, el más densamente poblado de Medellín, para entender el significado de las palabras resiliencia, diversidad, inclusión, apertura, solidaridad, y tantas otras más.

Moravia es un barrio de más de sesenta años de historia. Se creó en los años cincuenta, fruto de la migración hacia Medellín a causa de la violencia bipartidista. A 2015 contaba con aproximadamente 46.000 personas habitando el territorio.

Lo más diciente es que pasaron casi cuatro décadas para que el barrio autoconstruido pasara de ser informal a ser reconocido oficialmente como barrio de Medellín.

Moravia, como colectivo, cuenta su historia en cada rincón; reconoce su origen, su evolución y se siente orgullosa de ello, evolución de la que participan múltiples actores para avanzar de a poco a mejores condiciones de vida, desde la propia comunidad organizada, pasando por organizaciones no gubernamentales, nacionales e internacionales hasta la academia, la iglesia y el Estado. No obstante, hoy Moravia se cuestiona su presente y su futuro.

Luego de expedido el Decreto 0321 de 2018 que actualiza el Plan Parcial de Renovación Urbana para Moravia, la comunidad está preocupada. Gran parte de lo que se conoce hoy de Moravia desaparecería. La concepción del proyecto de renovación plantea edificios en altura, nada que ver con cómo se ha construido el barrio hasta ahora. De hecho, en una de las esquinas del barrio se observa a gran distancia un edificio en solitario, tan alto que parece tocar las nubes, rompiendo la estética del entorno. Los motivos expuestos por la Alcaldía de Medellín son resultado de los estudios de las condiciones de los suelos del barrio. No obstante, la comunidad se pregunta por qué luego de más se sesenta años de historia allí no ha ocurrido nada que revele tal nivel de vulnerabilidad.

Ese proceso de renovación “urbana” es considerado por la comunidad como una renovación humana. El motivo es la muy probable gentrificación. En su consideración, el proceso de renovación hará que el barrio cambie su estratificación, y con ello habrá más compromisos de pago de impuestos, servicios públicos y otros que llevarán a muchas familias a irse del barrio.

La comunidad se siente decepcionada de los procesos de participación que en el papel se plantean por parte de las distintas administraciones.  Esto me recordó el mismo reclamo de la comunidad en una mesa de trabajo que organizó Medellín Cómo Vamos junto con Urbam para hablar del nuevo Plan de Ordenamiento Territorial que se estaba gestando y el proyecto de Cinturón Verde Metropolitano. Una estudiante de colegio del barrio María Cano Carambolas, en la periferia de la comuna 3, Manrique, cuestionó los procesos de participación de dicho proyecto. Ella manifestó que a la comunidad se le convoca, se le cuenta una historia y luego le piden firmar una asistencia, que luego es homologada al respaldo al proyecto. Nada más alejado de la realidad. La comunidad se siente engañada y no escuchada. Es más, ella manifestó que en aquella mesa era la primera vez que veía información detallada del proyecto.

Le preguntamos a la comunidad de Moravia por las causas de los recientes hechos acontecidos en el morro sobre una ocupación irregular, al parecer por algunas personas de la primera línea del paro nacional. La respuesta nos dejó más interrogantes: consideraron que esta ocupación es evidencia del abandono estatal en los últimos diez años. Y si hablamos de esta administración, pues no es la excepción. Aunque el alcalde prometió incluir a Moravia dentro del Plan de Desarrollo Medellín Futuro, incumplió la promesa y al ser interpelado por ello, su respuesta fue que la pandemia había cambiado todos los planes. Excusa repetida cientos de veces por el alcalde.

Han vivido promesas incumplidas como el proyecto habitacional El Mirador de Moravia, del cual se preguntan por qué aún no se ha construido, cuando es esencial para el reasentamiento en sitio de las familias que aún quedan viviendo en el morro y algunas que fueron afectadas por la obra del puente de la Madre Laura.

La comunidad de Moravia nos muestra que ha estado vigilante y activa en los procesos que involucran integralmente su bienestar. Pero esa misma comunidad nos dice que no se siente escuchada. De hecho, cuando plantemos la importancia que desde las veedurías tiene la vigilancia de los recursos públicos, nos plantearon que la palabra vigilancia no era la más adecuada para ellos. Están cansados de vigilar. Quieren que juntos construyamos CONFIANZA.

Pero la confianza no se construye si no estamos dispuestos a ESCUCHAR. Pero escuchar en serio. Entendiendo que los procesos públicos tienen que involucrar a las comunidades, no solo como simples receptoras de resultados altamente técnicos que dicen cómo y dónde deben vivir. Las comunidades quieren que sean escuchadas sus necesidades, su forma de interpretar el desarrollo, el territorio y los lazos barriales.

Crear confianza implica escuchar, dialogar, negociar, y llegar a acuerdos colectivos en una mirada que mas que jerárquica debe ser cada vez más horizontal. Tarea nada fácil, pero nadie dijo que la construcción de lo público y la búsqueda de bienestar era tarea sencilla.

De este recorrido me llevo que Moravia se escribe con V porque Moravia vibra, Moravia vive. Moravia se siente cercana. Moravia es un ejemplo para todos los ciudadanos de Medellín. Ojalá escribiéramos nuestra historia en cada barrio, en cada rincón, en cada bien público: calles, esquinas, parques, canchas, jardines infantiles, instituciones educativas y centros de salud. Estoy segura de que tendríamos un mayor sentido de pertenencia y de cuidado por lo público; eso que es de todos y todas: fruto del pasado aguerrido, del presente retador y de un futuro esperanzador.

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