¿Transformación educativa y cultural?

Por Piedad Patricia Restrepo, vocera de Todos por Medellín

Tan bonitas que son las palabras. Las palabras nutren, las palabras sanan. Ellas nos abren mundos de promesas y esperanza. El Plan de Desarrollo Medellín Futuro nos plantea muchas promesas a través de sus cinco líneas estratégicas, derivadas del programa de gobierno, por lo demás vinculante. La segunda línea del Plan se denomina “Transformación educativa y cultural”. Allí se expresa:

“Hay que resaltar entonces que la Transformación educativa y cultural debe darse mediante la transformación curricular y del modelo educativo, la  renovación y adaptación al nuevo siglo en cuanto a la gestión del sistema de educación, la formación de docentes y tutores, el incentivo de los procesos de investigación científica, tanto como la garantía al acceso, la cobertura y la permanencia educativa. Pero, además, hay que pensar en una transformacióna nivel cultural, lo que implicará un cambio en el sistema de hábitos, tradicionesy creencias en distintas dimensiones: lo ético, lo político y lo estético, a través de las cuales se estimulen los valores ciudadanos, la autorregulación, la corresponsabilidad, la conciliación y la empatía. Así, estas transformaciones pueden llevar a lograr un mayor desarrollo humano, sostenible y territorialmente equitativo, que da lugar al mejoramiento y fortalecimiento del tejido social.”[1]

Luego de dos años y medio de administración qué es lo que se puede decir sobre dicha pretensión de transformación. En una respuesta de la Secretaría de Educación a un derecho de petición de Todos por Medellín, queda claro que no hay tal transformación curricular; lo que existe es una adecuación curricular. Parece un asunto meramente semántico, pero el quid aquí es que la transformación curricular le corresponde al Ministerio de Educación Nacional y no a las alcaldías. La Secretaría de Educación lo que puede hacer es acompañar a las IE que lo requieran para una adecuación curricular, pero en el marco de los lineamientos que establece el MEN. En resumen, no hay tal transformación curricular, pues esto es asunto exclusivo del orden nacional y aun así es una promesa que se hizo sin tener en cuenta la competencia.

En esta supuesta transformación también se menciona a los maestros. Sin duda, ellos deben estar al día en nuevos conocimientos, pedagogías y habilidades. No obstante, los recursos para la capacitación de los maestros se redujeron en 2020 y 2021. Así, el promedio anual fue de $711 millones. Si se compara con los periodos de gobierno anteriores, en 2008-2011 fue de $8.500 millones promedio anual, en 2012-2015 fue de $11.000 millones, en 2016-2019 fue de $1.300 millones[2].

Se habla también de la garantía del acceso, la cobertura y la permanencia educativa. Allí la alimentación, el transporte escolar, asuntos como la jornada complementaria y la educación media técnica juegan un rol importante, así como el acompañamiento psicosocial. Sobre estos asuntos encontramos en la mayoría de los casos un retroceso.

En el caso de la jornada complementaria, que es política pública local desde el año 2014, buscando justamente retener a los niños y adolescentes en las escuelas, se tuvo una reducción apreciable en 2020 y 2021. Mientras en 2019 la jornada complementaria alcanzó a 68.387 estudiantes, en 2020 bajó a 5.821, y en 2021 se ubicó en 35.565, muy por debajo de los más de 50.000 estudiantes beneficiados cada año en el periodo 2016-2019. Pero no solo bajó el número de estudiantes beneficiarios sino también la oferta para ellos. Mientras en 2016 se ofertaron 91 cursos entre artes, deportes y ciencia e investigación, alcanzando un máximo de 104 cursos en 2019, en articulación con el INDER para lo concerniente con deportes, para 2020 la oferta de cursos bajó a 5, en 2021 fue de 10 y en 2022 es de 16 y sin articulación con el INDER.

En cuanto al acompañamiento psicosocial del programa de Entorno Protector en las instituciones educativas, finalizando el periodo anterior se había logrado tener un profesional acompañando cada institución, algo que se mantuvo en 2020 y 2021. Los días de atención por año mejoraron entre 2019 y 2020, pasando de 303 a 333 (en plena pandemia), pero sufrieron una reducción apreciable en 2021, cuando apenas llegaron a 235 días de atención. Lo que más llama la atención es la alta rotación de los profesionales en 2021, cuando el nivel de permanencia fue del 74%, mientras en años anteriores estuvo siempre por encima del 85%.

En cuanto a la media técnica, de forma positiva creció el número de instituciones educativas que la ofrecen, pasando en 2019 de 175 a 192 en 2021, para casi 2.000 estudiantes más que reciben esta oferta. No obstante, uno de los retos de las instituciones educativas era mejorar y modernizar la dotación para una oferta en media técnica apropiada y atractiva. Mientras entre 2016-2019 el promedio anual de inversión en dotación fue de aproximadamente $2.000 millones, en 2020-2022 a menos de $1.300 millones, para un mayor número de estudiantes atendidos.

Ahora hablemos de la alimentación y el transporte escolar. La primera la abordamos en la columna anterior[3] y concluimos que la alimentación para los estudiantes se ha reducido en cantidad y calidad en este 2022. Sobre el segundo, el transporte escolar, la inversión bajó sustancialmente, pasando de un promedio de $26.537 millones anuales entre 2016-2019 a $14.526 millones. Por supuesto, la virtualidad terminó afectando la caída en la inversión; lo que extraña es que, en 2022[4], haya instituciones educativas que se quejan por la falta de subsidio de transporte, lo que, según sus propias voces, afecta notoriamente la deserción escolar que han vivido tras la pandemia[5].

Ya para finalizar, pues no está de más recordar la situación precaria de la infraestructura educativa en Medellín, que ya también abordamos en otra columna[6], donde mostramos la caída en picada de la inversión en infraestructura en estos últimos dos años; aunque el alcalde agarró el retrovisor de nuevo para zafar responsabilidades, es bueno recordar esto que mencionaba en su programa de gobierno Medellín Futuro, porque como dije al principio de esta columna, las palabras son hermosas:

En las últimas dos décadas la educación se convirtió en un catalizador para mitigar los efectos de la violencia que generó el conflicto urbano en la segunda mitad del siglo XX. La reactivación del Comité Universidad Empresa Estado, la apuesta por mejorar la infraestructura, ampliar la cobertura y garantizar el acceso educación superior se convirtieron en estrategias fundamentales en el renacimiento que ha vivido la ciudad en las últimos veinte años.”[7]

¿Alguien que lea esto puede acaso dudar que el alcalde se escuda en mentiras, que ni él mismo se cree, para no asumir la responsabilidad por la priorización y la ejecución que le ha dado a su propio Plan de Desarrollo y en este caso específico al de la transformación educativa y cultural? Yo no creo que eso sea posible. Sería una insensatez.

PD: ¿Y de la transformación cultural qué podemos decir? Ya lo abordaremos en otra columna.

 

 

[1] Tomado de Plan de Desarrollo Medellín Futuro 2020-2023. Pág. 16-17. Negrillas fuera del texto original.

[2] Datos tomados del Formulario Único Territorial de la Contaduría General de la Nación, y deflactados a pesos constante de 2021.

[3] Véase: https://todospormedellin.org/hambre-en-medellin/

[4] Aún no se cuenta con información oficial sobre la ejecución presupuestal en lo corrido de 2022 del Distrito de Medellín.

[5] Como se puede leer en esta nota periodística:  “Inem de El Poblado se quedó sin 1.000 estudiantes, ¿por qué? “El Colombiano. 15 de julio de 2022. Página 6.

[6]  Véase: https://todospormedellin.org/destruccion-del-valor-publico-el-caso-de-la-infraestructura-educativa-en-medellin/

[7] Programa de Gobierno. Medellín Futuro. Pág. 14. Negrillas fuera de texto original.

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