En espera de una desmarcada

Por Piedad Patricia Restrepo, vocera de Todos por Medellín.

Los resultados electorales en Medellín muestran que Petro no tiene gran aceptación en la ciudad, pese a haber crecido  su votación entre primera vuelta y segunda vuelta. Esto no se explica solo porque la ciudad se ubique más en el espectro político entre el centro y la derecha y menos en la izquierda; en esta ocasión y dadas las dos opciones que tenía el electorado, una gran proporción de la gente rechazó con su voto la relación, al parecer, estrecha entre Petro y Quintero, cuya manifestación más directa es la suspensión temporal del cargo de Quintero por presunta participación en política a favor de Petro en estas elecciones.

Quintero ha demostrado ser un pésimo alcalde, no solo desde las formas de gobernar sino también desde el fondo de los resultados en la mayoría de los programas y proyectos desarrollados hasta ahora. Un alcalde con la más alta desfavorabilidad ciudadana en muchos años. Esto es bastante indicativo del gobierno de Quintero en dos años y medio. Ha generado división en la ciudad con discursos dicotómicos altamente manipuladores. Ha instalado una narrativa según la cual una gran parte del empresariado de la región es corrupto, y los gobernantes precedentes en los últimos veinte años también. En vez de unir para trabajar por objetivos colectivos en medio de retos nuevos y otros acentuados por la pandemia, el alcalde excluyó con su narrativa.

Así las cosas, prometió esperanza, prometió un futuro mejor desde una supuesta  “independencia”, y el cambio llegó, pero para empeorar. Con graves indicios de corrupción en el manejo de los recursos en el conglomerado público del municipio y con una forma de gobernar autoritaria, basados en narrativas mentirosas y manipuladoras.

Si Gustavo Petro quiere enviar un mensaje honesto de unión y reconciliación al país, deberá tomar en cuenta lo que realmente pasa en Medellín, escuchar la voz ciudadana y su descontento con un gobierno que divide y no permite avanzar en los principales retos que enfrentamos.

Aunque en principio parecería que la elección de Gustavo Petro empodera al alcalde de Medellín, tomando en cuenta algunos pronunciamiento de Petro en relación con Quintero al presentarlo como posible sucesor suyo en 2026, o aduciendo que en una presidencia suya no se daría una suspensión a Quintero, o que gran parte del gabinete de Quintero hayan dejado sus cargos para hacer campaña a favor de Petro. Sin embargo, partiendo de la buena fe y de las expectativas que como primer mandatario ha generado en el resto de Colombia, esto no debería ser así. Mantenerse dentro de los parámetros del Estado de derecho, respetando las institucionalidad y la división de poderes, es el mensaje que debe enviar el presidente, éste último es crucial.

Lo que esperamos muchos ciudadanos es la imparcialidad; por el contrario, si el  presidente electo apoyara irrestrictamente a Daniel Quintero, confirmaría  lo que hoy es objeto de investigación tanto por la Procuraduría y la Fiscalía y es que la presunta participación en política del alcalde tuvo como fin beneficiarlo, en desmedro, principalmente, de programas sociales que atienden a poblaciones vulnerables que hoy están afectadas y que son lo que como Presidente quiere defender y potenciar Gustavo Petro.

La ciudadanía en Medellín estará atenta a cómo se desenvuelve este relacionamiento, y si Petro no se desmarca prontamente, el inconformismo en la ciudad crecerá, y seguramente habrá más disposición a hacer un férreo control y solicitud de cuentas al gobierno nacional en torno a su apoyo a un gobierno local desprestigiado.

 

 

 

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