Hambre en Medellín

Por Piedad Patricia Restrepo, vocera de Todos por Medellín

Los niños con hambre no aprenden. Los niños con hambre no logran todo su potencial, ni cognitivo ni social.  Una niñez con hambre nos habla de una sociedad que tiene que revisar sus prioridades y enfocar esfuerzos para superar una situación éticamente cuestionable desde cualquier punto de vista.

Las primeras alarmas sobre el crecimiento del hambre en Medellín habían llegado conforme avanzaba la pandemia y los encierros obligados. Se proyectaban retrocesos de más de 10 años en lo ganado en pobreza y pobreza extrema, así como en desigualdad. En este contexto se dieron las discusiones entre el anteproyecto del Plan de Desarrollo Medellín Futuro y el Plan final aprobado en el Concejo. Una de las principales características del Plan es que no bajó a proyectos, y dejó muchos programas con unos presupuestos altísimos. La justificación del alcalde Quintero fue que se requería discrecionalidad para asignar recursos para atender las consecuencias derivadas de la pandemia.

La consecuencia más grave, después de las muertes por la Covid 19, fue el empobrecimiento de los hogares en Medellín y el rasgo más visible de este: el hambre. De acuerdo con la Encuesta de Medellín Cómo Vamos, finalizando 2021, el 54% de los hogares afirmaron que sus ingresos no alcanzaban a cubrir los gastos mínimos, mientras un 22% de los hogares, seis puntos porcentuales más frente a 2019, afirmaron que por razones económicas en su hogar en el último mes no les alcanzó para comer las tres comidas diarias. Muy por encima de este promedio se ubicó la zona Nororiental, comunas Popular, Santa Cruz, Manrique y Aranjuez, donde cuatro de cada diez hogares manifestaron esta carencia.

La primera infancia en situación de vulnerabilidad de la ciudad tenía garantizada su alimentación a través de la atención en Buen Comienzo. Había sido una buena noticia que el Plan de Desarrollo planteara un aumento sustancial de la inversión en el Programa. Como dice el dicho popular, del dicho al hecho hay mucho trecho y el programa, antes que fortalecerse, se ha venido desbaratando de a poco, causando sufrimiento a los niños y sus familias. En testimonios que recogimos el año pasado, algunos padres manifestaron que, por primera vez, sacaban a sus niños del programa porque volvían a casa con hambre, “el niño se va a desnutrir acá [Buen Comienzo]; yo prefiero alimentarlo en la casa”. Una situación lamentable desde cualquier punto de vista.

A finales del año pasado nos llegaron alertas sobre el Programa de Alimentación Escolar -PAE-. Un rector nos había manifestado que en las instituciones educativas oficiales se venían presentando varias situaciones preocupantes entre las que, además de los problemas con el programa, se encontraba el mal estado de la infraestructura. Pese a insistir para conocer más detalles de lo que ocurría, hubo un silencio que luego tuvo sentido…se acercaban las elecciones y muchos servidores decidieron callar.  A medida que pasó el tiempo fueron los estudiantes los que empezaron a alzar su voz para reclamar por el estado de la infraestructura y la reducción de los cupos para el PAE, además de fallas en su calidad.

Al analizar la inversión promedio para 2020-2021 en alimentación escolar, encontramos un promedio anual de $114 mil millones, $ 4.000 millones más respecto al promedio del periodo 2016-2019, y bastante similar a la del periodo 2012-2015, en el que se alcanzó una inversión promedio anual de $115 mil millones[1]. Ahora bien, en 2022, de acuerdo con el Plan Operativo Anual de Inversiones, el presupuesto del PAE es de $103 mil millones, unos $ 6.000 millones por debajo de lo invertido en 2021[2]. A su vez, en 2021 se invirtió en alimentación escolar 10.000 millones menos que en 2020.

Tiene entonces todo el sentido que justo finalizando el año pasado se empezaran a escuchar las primeras quejas sobre una reducción de los beneficiarios del PAE. Contrastando con los informes de supervisión[3] a los contratos del PAE, encontramos que, desde octubre de 2021, conforme pasan los meses, la atención muestra unos baches grandes para los estudiantes de algunos grados. Si tomamos como base la reducción del presupuesto para el PAE de unos $ 6.000 millones menos frente al año anterior eso representa, a un valor promedio por ración de $2.786, más de dos millones de raciones menos en 2022 frente al 2021. Es así como este año muchos niños y adolescentes de las instituciones educativas oficiales ya no son beneficiarios del PAE o han recibido menos raciones frente al año pasado.

Sorprende el silencio de los maestros y rectores ante esta situación ¿Sienten miedo a posibles retaliaciones de la Alcaldía de Medellín? ¿Estamos viviendo en una sociedad del miedo y la angustia? ¿Hasta cuándo?

Retomo una columna pasada en la que hablo de que la política es, en esencia, un asunto de priorización. Si Medellín pasa hambre, si las comunidades del norte de la ciudad son las que más padecen el hambre, pero la primera infancia y los niños más vulnerables de nuestra ciudad tienen la oportunidad de recibir alimentación de calidad, ¿por qué el resultado visible es una precarización de la atención alimenticia a esta población? De nuevo, la respuesta es que la priorización está trastocada frente a las necesitades de la gente en Medellín. Además, como lo presentamos ante las autoridades, hay dudas efectivas sobre el manejo transparente de los recursos en ambos programas, que éstas tendrán que investigar. Recordemos que el primer contrato pare el PAE en pandemia se realizó a dedo con la Corporación Colombia Avanza y en éste hubo una devolución de $60 por cada paquete alimentario entregado, luego de que la Contraloría General lo investigara.

Por último, vale la pena recordar que el alcalde ha contado en numerosos espacios que en su adolescencia pasó hambre. Cuando perdió a su madre, su hogar pasó afugias y él tuvo que comer mangos de la calle para paliar el hambre ¿Es posible que una persona que ha padecido el hambre en carne propia pueda ser indolente ante el sufrimiento de otros que pasan por esta misma situación? Parece ser que el alcalde Quintero sí.

[1] Datos tomados del Formulario Único Territorial de la Contaduría General de la Nación. Los datos están calculados a pesos constantes de 2021, para descontar efecto de la inflación.

[2] Para 2022 aún no hay ninguna información en el Formulario Único Territorial de la Contaduría General de la Nación. Los datos usados para 2022 del PAE en el Plan Operativo Anual de Inversiones no son estrictamente comparables a los encontrados en el FUT para el rubro alimentación escolar. En ese orden de ideas, esta comparación es una aproximación.

[3] Solo están disponibles en el SECOP hasta marzo de 2022.

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